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Ganadería uruguaya ante una oportunidad histórica: “Es hora de jugar más fuerte”
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  • Ganadería uruguaya ante una oportunidad histórica: “Es hora de jugar más fuerte”

  • La mesa redonda por los 30 años de la UPIC analizó el escenario de la ganadería uruguaya, con precios firmes y demanda internacional, y puso el foco en los desafíos para aumentar la producción, mejorar la eficiencia y preservar el estatus sanitario

    La mesa redonda que cerró la jornada por los 30 años de la Unidad de Producción Intensiva de Carne (UPIC) puso el foco ya no en el camino recorrido, sino en el que tiene por delante la ganadería uruguaya. Con precios históricamente altos, demanda internacional firme y tecnologías disponibles, los participantes coincidieron en que el sector atraviesa una oportunidad excepcional, aunque mantiene desafíos: aumentar la producción de terneros, responder a la demanda por carcasas más pesadas, profundizar la intensificación y preservar el estatus sanitario del país.La mesa estuvo integrada por Martín Secco, director de Frigorífico San Jacinto y productor ganadero; Diego Otegui, productor agrícola-ganadero de Salto; Juan Pablo Gutiérrez, ingeniero agrónomo e integrante de Indarte y Cía.; y Álvaro Simeone, director de la UPIC. El intercambio se planteó con un horizonte de cuatro o cinco años: qué ganadería puede construir Uruguay a partir del escenario actual.Secco destacó cuánto ha cambiado la producción agropecuaria uruguaya, una transformación que muchas veces queda escondida detrás de la dinámica cotidiana. La ganadería, sostuvo, debe analizarse junto con el avance de la agricultura y la forestación, actividades que contribuyeron a elevar la productividad.Sin embargo, identificó un cuello de botella: la cría. Mientras otras etapas permiten acelerar, corregir o incorporar tecnologías con resultados relativamente rápidos, la producción de terneros está condicionada por ciclos biológicos más largos. Uruguay, señaló, todavía tiene margen para elevar su tasa de extracción y acercarse a los países ganaderos más eficientes.Otegui coincidió en que el escenario abre posibilidades largamente reclamadas. “Hoy lo que nosotros pedíamos que era precio, hoy lo tenemos”, resumió. Esa realidad permite incorporar tecnología, mejorar los sistemas y asumir nuevos desafíos. También destacó la importancia creciente de la recría para alcanzar los mayores pesos de carcasa que demanda la industria.





    Un escenario internacional diferente




    Gutiérrez puso el foco en el cambio del escenario internacional. Recordó que décadas atrás una de las principales limitantes para Uruguay eran los aranceles y las dificultades de acceso a los mercados. Hoy esa situación comienza a modificarse, al tiempo que varios grandes productores mundiales atraviesan procesos de retención de vientres y menor disponibilidad de ganado para faena.Para Uruguay, que exporta la mayor parte de su producción, ese contexto resulta especialmente favorable. “Estamos en el mejor lugar de la cancha. Hay que jugar ahora”, sintetizó Gutiérrez. A su juicio, las herramientas tecnológicas están disponibles y el desafío pasa por utilizarlas.Una de las preguntas fue si los actuales valores de la hacienda pueden constituir un nuevo piso sobre el cual tomar decisiones de inversión. Secco evitó realizar pronósticos, pero se mostró optimista. “No veo nada que pueda hacer cambiar el escenario que tenemos hoy”, afirmó.La principal explicación está en la demanda: los grandes mercados compradores necesitan carne. Aunque evitó definir si el fenómeno es estructural o coyuntural, consideró que la ganadería ingresó en “un nuevo patamar de precio”.Ese escenario puede modificar algunos incentivos históricos. Secco puso como ejemplo la relación entre la vaca gorda y la vaca preñada. Durante años, el alto valor del descarte representó una parte importante del ingreso del criador y hubo momentos en que una vaca gorda llegó a valer más que una preñada. Con los actuales precios del ternero, esa ecuación puede comenzar a cambiar.





    La cría, el gran desafío pendiente




    La discusión volvió entonces sobre uno de los datos que atravesó la jornada: después de tres décadas de transformaciones productivas, Uruguay continúa con un porcentaje de destete próximo al 65%. Otegui consideró que los precios actuales pueden ayudar a modificar esa realidad. Con el ternero en el eje de los US$ 4 por kilo y una vaca preñada que se aproxima o incluso supera en algunos casos el valor de la vaca gorda, comienza a existir un incentivo económico más fuerte para producir terneros.Además, señaló que la industria frigorífica cuenta con capacidad ociosa y podría procesar sensiblemente más ganado. “Si producimos más terneros, va a haber posibilidades de que todo funcione mejor”, afirmó.Simeone introdujo otra mirada. Para el director de la UPIC, el estancamiento de la cría no necesariamente responde a una irracionalidad. Hay sistemas que, aun con índices reproductivos modestos, generan ingresos que satisfacen las expectativas de sus propietarios, especialmente cuando la tierra forma parte de un patrimonio familiar y no se incorpora a la ecuación de rentabilidad.También se mostró escéptico respecto a que los programas públicos focalizados en productores pequeños puedan modificar sustancialmente el porcentaje nacional de destete. “El partido de los terneros en el país se juega con los grandes”, sostuvo, por la concentración de la producción en establecimientos de mayor escala.El corral apareció como uno de los ejemplos de tecnologías que terminaron modificando estructuralmente la ganadería. Gutiérrez aseguró que actualmente resulta extremadamente difícil encontrar novillos gordos de pasto, mientras Secco consideró que los corrales continuarán ganando protagonismo.La integración con la agricultura también tendrá un papel creciente. Otegui habló de una agricultura más “carnicera”, con mayor transformación de granos y forraje en carne, y destacó al riego como una herramienta con gran potencial, aunque todavía limitada por dificultades de infraestructura y energía.Para Simeone, esas señales deben orientar la investigación. Si la industria demanda carcasas más pesadas, el desafío es determinar cómo producirlas eficientemente. Eso implica trabajar sobre conversión, recría, alimentación, genética y cruzamientos. Otegui coincidió: el objetivo no debe ser simplemente tener animales más grandes, sino eficientes y capaces de alcanzar elevados pesos de carcasa a edades jóvenes.





    Sanidad: una advertencia que atravesó el cierre




    Sobre el final, la discusión se concentró en uno de los asuntos que más preocupa a la cadena cárnica: los residuos de medicamentos veterinarios y sus consecuencias sobre el acceso a mercados.Secco, desde la experiencia de Frigorífico San Jacinto, fue enfático. Consideró que se trata de un problema grave y que la repetición de casos demuestra que existe una situación de fondo que debe atenderse.“¿Queremos llegar a un novillo de 6 dólares y queremos seguir jugando a traer un frasco bajo el asiento cuando vamos a Rivera?”, preguntó. Para el industrial, ambas cosas son incompatibles. “El estricto cumplimiento sanitario tiene que ser una norma de oro para el productor”, agregó.Otegui coincidió y puso especial énfasis en la responsabilidad individual. Los sistemas de control pueden mejorar y digitalizarse, pero pierden efectividad si la información declarada no refleja exactamente los tratamientos realizados. Reclamó estrategia, seguimiento, rigurosidad y una aplicación efectiva de las reglamentaciones existentes.Secco evitó especular sobre si la reiteración de casos podría terminar generando un problema de alcance país, pero fue claro en que Uruguay no debería correr ese riesgo. El estatus sanitario, recordó, ha sido históricamente una de las principales cartas de presentación de la carne uruguaya.“Si empezamos a tener una conducta errática en ese sentido, seguramente no tengamos el mismo prestigio”, advirtió.San Jacinto, adelantó, espera contar en los primeros días de octubre con equipamiento para realizar determinados análisis antes de la exportación. De todos modos, aclaró que el control industrial no resuelve el origen del problema: el objetivo debe ser evitar los residuos mediante el correcto uso de los productos veterinarios.El cierre recuperó el tono optimista que atravesó la mesa. Otegui destacó la importancia de medir y tomar decisiones en función de datos objetivos y planteó dos metas: superar los tres millones de terneros y avanzar hacia tres millones de cabezas faenadas.“La industria tiene capacidad para tres millones, nosotros estamos 50% abajo. Bueno, hay precio. Vamos”, resumió.Gutiérrez coincidió en que el sector se encuentra en un momento que durante años pudo imaginarse o soñarse y llamó a redoblar el trabajo. Secco sostuvo que el desafío está fundamentalmente en los actores privados y que Uruguay tiene condiciones para continuar creciendo, aunque volvió a poner una condición: “El estatus sanitario del país tiene que seguir siendo nuestra bandera insignia”.Simeone cerró agradeciendo a quienes acompañaron las jornadas durante estas tres décadas y destacó especialmente el recambio generacional. Después de 30 años de investigación, la mesa dejó un mensaje hacia adelante: las tecnologías están disponibles y el mercado está enviando señales. Convertir esa oportunidad en más terneros, más kilos de carne y mayor eficiencia dependerá ahora de las decisiones de la propia cadena ganadera.

  • 2026-08-23T07:00:00

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